viernes, 15 de abril de 2011

LOS POLÍTICOS Y SU POLÍTICA

Así están los tiempos. Esos que marcan cada segundo de nuestras vidas. Hay muchos tipos de políticos. Los de capa caída, los de ala ancha, políticos frustrados, políticos que medran y otros que trepan. La política es para sinvergüenzas, dicen algunos. Yo creo que ese juego de tableros debería de ser para listos. Y digo inteligentes no en el sentido que algunos estáis pensando. Sólo aquel que conozca las bases de lo justo y de lo honesto debería ser político. Aquel que haya estudiado las leyes de la felicidad, del bien común y de la tolerancia, sólo ese podrá ser político. Las personas que no conozcan estas asignaturas no podrán llegar a ocupar un cargo de tan alto voltaje.
¿Quién, y cómo hacemos el examen? Muy sencillo. Ponemos tres urnas diferentes. En una de estas colocamos un bastón de oro macizo. En otra ponemos un saco lleno de billetes de 500 euros. Y, por último, colocamos en la urna que falta, sobres con cartas. En esas cartas estarán todas las peticiones, consejos e inquietudes que cada población tenga con respecto al sitio donde vive. El aspirante a político elegirá una de las tres urnas. Ser un rey que no conozca nada de su pueblo, tener dinero para gastar en cosas que no sabe si son buenas para su ciudad, o preocuparse por saber que cosas hacen falta para que un pueblo, ciudad, comunidad autónoma o país, camine por el sendero de la felicidad. El problema de muchos aspirantes a políticos y de trepas-políticos es que no escuchan, no se paran a observar las inquietudes de las personas. Si un año, dos, tres o incluso cuatro, no se ha podido hacer nada porque las circunstancias de una situación inestable, no nos ha dejado, no haremos nada. Cuando digo nada, me refiero a gastar dinero. Si un año, dos, tres o incluso cuatro tenemos dinero para gastar, escucharemos las inquietudes de las personas y gastaremos en función de esas necesidades. Todo lo que se haga será sin pedir las gracias a cambio. Porque a los políticos no se le dan las gracias. Es su responsabilidad, hacer con dinero de todos lo mejor para alcanzar una felicidad común. Si la farola que hay enfrente de mi casa, se rompe, y al día siguiente la arreglan. Nunca iré a dar las gracias a ningún político, porque esa es su responsabilidad. Sólo daré las gracias si hacen cosas que no sean bajo el cargo que desempeñan.
Los que contribuimos a este juego de reyes y peones, sólo queremos que se reine con la vara de la libertad y de la democracia. Esto último me ha salido un poco braveheart. No hay que olvidar que ese saco, de donde se hacen todas las gestiones, es de todos. Los votantes y ciudadanos, depositamos nuestra confianza en un grupo de gente, para que nos dirijan. Para que intenten subsanar nuestras tristezas y dificultades.
El problema somos nosotros. Algunos diréis que estoy loco. Pero no nos engañemos. Hemos construido a algo que hay que derribar. Tenemos que demostrar a aquellos que nos dirigen, a esos frescos e insolentes, que queremos que nos gobiernen con un vaso de madera. Y que pedimos que esté lleno, no de vino ni de agua, sino de sinceridad, de felicidad, de bien común, de apasionados por la vida y por la política, de esos ya quedan pocos…
Así podríamos soñar y ser libres. Todos seríamos hermanos, aunque yo se que lo somos. Conozco nuestra historia. Todos venimos del mismo sitio y vamos al mismo sitio. Soñaríamos con un mundo libre y una bandera enorme y común. Donde las armas fueran cañones de felicidad que dispararan caramelos. Aquel que más tuviera seguro que tendería la mano al necesitado. Caminaríamos en la misma dirección. La felicidad sería nuestra meta. Enterraríamos la envidia, las confrontaciones, romperíamos la esclavitud y la miseria, terminaríamos con el hambre y la pobreza, echaríamos un pulso con el diablo y lo ganaríamos. Todos seríamos todo. Y querer tener un mundo de igualdades, donde las desigualdades son el rompecabezas de una sociedad pasiva, que prepara y alimenta su final desenfrenado, que sólo camina hacia el desastre y la perdición.

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